En aquella acera, donde el ruido se impregna a cada esquina
cuando brilla la primera luz de la mañana y cuando termina la odisea de un día
más de vida, miradas cruzaron y pensamientos buscaron; una sensación antes
vivida, pero desde ese momento jamás olvidada.
¿Quién pensaría que en esa hora tan ajetreada y con la
muchedumbre de costumbre dos personas pararían sus relojes, cuerpos y pensamientos
para centrarse la mirada la una en la otra y no sentir algo más que zumbidos
alrededor de ellas?
Todos caminan a su ritmo, unos van despacio y otros más
acelerados para llegar a su destino, pero ninguno se detiene a ver esa escena
de miradas y e ideas no expresadas. Pues si, no es de importancia para
cualquiera que pase por allí.
Fueron dos extraños, antes conocidos, pero dos extraños. El paso del tiempo hizo que el
olvido se apoderará de ellos solo hasta interponerse sin palabras el uno al
otro y recordar; cada uno recapituló su vida pasada y en ese instante fue
cuando, con sincronía, siguieron de largo en su camino. Solo uno giró su cabeza
para mirar, esperando que por última vez, ese pasado siguiera siendo un pasado.
Una historia jamás revelada y conocida sólo por aquellas
personas que viven esto en sus días, acordándose de momentos vividos sin
argumentos a ser recordados.
Andrés García Acosta
Simplemente excelente.
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