Desde la ventana de mi
apartamento me encuentro solo y vacío pensando en cómo hubiera sido mi vida si
tú todavía siguieras en este mundo. Entre ese ir y venir de pensamientos veo
una pareja discutiendo en su habitación, los veo tristes, desesperados por
encontrar una solución a su problema, quizá no sea tan grave como yo lo piense,
tal vez sea una simple pelea que esté atormentando su relación, realmente no lo
sé, pero veo allí reflejada la historia de nosotros dos. Recuerdo esos momentos
en los que pensábamos llevar nuestra relación a un nivel mayor, construir la
familia que deseábamos, criar a nuestros hijos a imagen y semejanza nuestra,
dándoles las herramientas para que siguieran solo ese camino tan dulce y
decorado que les daríamos, pero ahora que he tenido tiempo de analizar todo lo
que queríamos, me he dado cuenta que los que más íbamos a sufrir éramos
nosotros, seriamos esos padres que poco les importan los sueños de sus
hijos, y al ver que todo lo que elaboraríamos durante tanto tiempo no fuera a
dar frutos por parte esos hijos, que serían los herederos de la fortuna
familiar, y que tal vez ellos la echarían al vacío por ver que el camino hacia
sus sueños y deseos se encuentra cerrado por culpa del trato tan egoísta de los
que en algún momento pudimos ser tú y yo.
Horas después de estar
sentado junto a la ventana, pensando en ti, me siento obligado a buscar mi
álbum preferido, ese cuyo contenido me trae mucho más que recuerdos felices
contigo, pues no me satisface solo tu imagen en mi mente y lo más cercano a
tenerte a mi lado ese verte en esos viejos recortes de fotografías donde puedo
vernos más jóvenes e ingenuos, tan llenos de amor. Si tan solo pudiera tomarte
en mis brazos como lo hago con estas fotografías, no me hace bien pensar en ti,
pero me pierdo una vez más en mis pensamientos contigo en mis brazos. Son esos
momentos en los que me permito pensarte y regresar a aquellos días en los que
disfrutábamos cada instante que vivíamos juntos, éramos inseparables, no había
algo superior a la muerte que nos pudiera detener, allí en ese tiempo
simplemente estábamos tú y yo. De nuevo regreso a la realidad y noto que por mi
mejilla se desliza una lagrima, esa pequeña gota que demuestra mi felicidad por
los momentos vividos al lado tuyo, pero al mismo tiempo me dice que tú deberías
estar aquí mismo, que no tenias por qué haberte ido por culpa de ese accidente,
esos tragos de más en aquel bar no debieron haber generado esa última despedida
tan amarga que tuvimos, en la que con tu orgullo y junto a la ira que desaté
fuiste rumbo a casa de tu madre. Fueron dos días tan vacíos sin saber de ti,
estaba desesperado al saber que ignorabas mis llamadas y lo único que pude
hacer fue ir a casa de tu madre, en el camino hacia allá me detuve a comprar unas
pastillas para calmar mis ansias y a comprarte un ramo de rosas, tus
preferidas. Al llegar a la casa, me mire en el espejo del auto para verificar
que me veía bien y que estaba listo para enfrentarte. En la puerta me recibió
tu madre con la cara ya tan arrugada pero que reflejaba una alegría al verme
allí, al preguntarle por ti su cara cambió por completo, realmente comencé a
preocuparme. Tuve que contarle lo que sucedió dos noches atrás para que
entendiera lo que estaba pasando, parecía que no tenía idea de lo que le estaba
hablando y pregunté si te encontrabas ahí, pero la respuesta no fue la
esperada, esa noche de la discusión nadie volvió a saber de ti. Fue en ese
momento que mi corazón se estremeció al saber que no te volvería a ver, que
estaríamos separados físicamente por el resto de mi vida.
Fue ese momento el que
cambió el rumbo de mi vida, no te tendría a mi lado, mi futuro se nubló y no
sabía qué hacer, todos esos planes contigo se desvanecieron por completo.
Fueron muchos años de crisis por no poder sentirte, pero todo ese tiempo me
llevo a pensar que todo lo acabé yo, así que lo único que me queda por decir es
que mi vida se acabó cuando terminamos tú y yo.
Andrés García Acosta.
(última modificación: 09/02/2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario